sábado, octubre 06, 2007

los elefantes vengativos




los elefantes vengativos





martes, julio 31, 2007

Los efectos de los afectos.

lunes, agosto 28, 2006

Un crimen contra la soledad. Plutón.

Mood: cire perdue. Playing: Los angeles - Benjamin Biolay

248 años...

Los ángeles (in)custodios. No puedo tener a los santos en vitrinas, bajo todos los momento de una necesidad que se escribe sola. De cierto modo y de un modo cierto, la pena tiene las uñas pintadas y las piernas celosas. Y en ese dulce escenario, no soy nadie para comentar las rotaciones y traslaciones de todos tus cuerpos vengativos.

197 días...

Soy lengua muerta y no se nada de la técnica de la cera perdida.

Que sé yo. Voy a conocer Plutón en el viaje sublime y último de la pausa continua. Nos vamos a morir de pena al no ver nunca el error de su partida. Se inflama, hoy planeta enano, a mi órbita lúcida y miserable; solo son anillos en manos de la eternidad.

No me hicieron de bronce precisamente para viajar en las interpretaciones de todas esas manos ajenas. Si alguna vez hubo molde para sentir (y para el dolor, claro está) la cera se perdió en la única copia que quedó.

y 5,5 horas.

Plutón. Un año en plutón es una eternidad. Tal vez (o tal vez no), allá se nace viejo y se muere cual crisálida primigenia. Un año, allá, es una eternidad limitada a los afectos acá. Una vida desde un extremo a otro de la pieza fundida de material innoble.
La exclusión de Plutón es un crimen contra la soledad.



La falta de respeto

que tuerce mi costumbre campesina

de velar los cuerpos muertos

o distanciados.



Deja que te extrañen, Plutón.

que es como prohibir

recordar.



Un inútil asesinato de traslaciones

es este crimen de órbita corporal

en la lucha sorda de los sentidos


Ay!


Ya veremos quienes te buscarán en la siniestra esperanza

de los cuerpos errantes

de los amores orbitales

en todo el dolor de esos océanos de mármol!

de los ejes obscenos

de este espacio; crimen de sideral soledad


Plutón!


Tu exclusión

es un crimen contra la soledad


Plutón!


Ruega por los huérfanos de tu órbita.

Bendícenos, santo patrono

de quienes orbitamos cuerpos

celestes


y no tanto.


Hoy, los que vivimos las noches solo en sueños, te rendimos el homenaje de la soledad redimida.



PS: (otra) Larga pausa.

miércoles, junio 21, 2006

Lo inesperado secretamente esperado.

Mood: la marcha blanca. Playing: Une fraction de seconde - Holden

"If you really want to hear about it..." (Holden Caulfield en The Catcher in the Rye de JD Salinger. Primera linea.)

Está bien. Si realmente quiere oir de todo eso y del resto de las simpatías de los siempre inubicables vendedores de esperanzas que he cruzado en mi ínfimo paréntesis, ahí va.

No hace poco (porque no recuerdo haber envejecido tanto) fue momento de mi residencia en Saturno. Bien saben quienes creen conocerme y los otros que no dicen nada para evitar que quede como un soberano ridículo, que dichas estadías son una delicia para el poco prudente y mal informado. En especial cuando el diablo no ha reparado en nuestra defunción. Somos medio-invitados y medio-tarados porque queremos ver de que se trata. La siempre infausta y redentora curiosidad. No hace falta ser tan despierto y bien nutrido para despertar un día de estos en medio de toda esa (¿esta?) ciudad de dios (eliga usted cual) que se incendia y se lanza lejos sobre otras presencias. Está Saturno y todas esas putas y quienes las manejan (seres repugnantes y de mal corazón! Aunque de heroes y villanos, ¿que puede decir alguien como yo?) que salen a contarte que la vida no es tan difícil como la pintan. Está el planeta y la plaza; desde tiempos inmemoriables (sospecho que hacía no mas de 15 minutos) pasaba y pasaba a su alrededor una motocicleta de finos artefactos, en llamas, haciendo un ruido de mil demonios y dejando suaves aromas semiperfectos. Todo ese alboroto asustaba pero tambien hacía reir a los pocos niños que se dibujaban rostros de ancianos entre ancianos. En fin, estaba yo en algun día de esos 21 abriles dibujando (como solo yo y un par de personas mas lo pueden hacer: muy mal) y tarareando esa melodía indescifrable que deja el insomnio, cuando por fin vi llegar esa tierna y miserable sensación. Luego, conmoción. “Sentir está sobrevalorado” recordé dogmático, mientras intentaba quitar mi atención de aquel espectáculo siniestro y febril. “Te empiezas a morir cuando dejas de ver” alcanzó a decir, suave al oido, una de las vendedoras de certezas y churros. “Son tan bellas todas esas paradojas, allá lejos” gritó un infante que se perdía en su mirada. La fracción de segundo; luego, el abandono total.

Le confiaré, no sin algo de pudor, que tiendo a disfrutar de los eventos cobardes y absurdos que me regalan, a veces, mi dialogos. No soy un tipo valiente, verá usted, aun cuando me reconozco poco discreto, un tanto sordo y corto de vista. Así fue como ensayé una ridícula frase sin llegar acaso a decirla: dejaré todo listo para volver. Ya verán, aquí todos me esperan”.

Volviendo a la historia, pues, llegó aquel momento de indiscreción. Hubo ruido, de ese con sabor a sentimiento prestado que no deja ver nada mas que mis pies, proveniente de la lógica y habitual colisión de los estados. Le encontré, sin espíritu excesivamente crítico pero renunciando a ser un burocrata conformista, uno que otro parlamento revisitado y entumecido. Me refiero a esas citas que no dicen nada y que todos citan. Se trataba de una imagen conocida. Otra confesión: ni tan conocida. En ese baile que se dan, a trompadas entre carvenáculas, las particulas esenciales de mis mínimas manos, pense en tomar algo de todo aquello y traerlo para el regreso. Tengo la vocación del ladrón y un corazón con alta estima por el regreso. Pero, ya habra visto usted: soy algo tímido aun cuando hable en voz alta y frunza el ceño a menudo. Es una mala costumbre como una que otra angustia de pobre terminacion.

Quise, entonces, tironear y hurtar algo de esa sofocante e influyente (algo elastica a ratos) rabia que se rajaba, como larga alfombra, de un extremo a otro. Era una bella imagen, pero no era tanto la imagen como la presión. Se sentía. Todo era presión de cuerpos lentos, que sobran y se expanden porque para eso estan hechos, dicen. Tengo la esperanza viva y la tenía en ese momento. Así, comprenderá amigo mío, fuí yo el primer sorprendido. Porque de caminatas y caminatas bien se han hecho sanas vergüenzas y crueles destinos. No recuerdo haber dicho gran palabra, porque claro está: estaba de más y de más estaba yo en un lugar en donde no me correspondía estar. Siendo esa realidad la unica que tenía, (a falta de irrealidades y mentiras blancas en sentido opuesto) la alternancia, asi como el sueño y la noche y el amor y lo otro, me permitía poner atajo y punto final a los capitulos del desgano prematuro. Era la gran fiesta de las luces, esas lejanas y frescas; allá en Saturno. Una fiesta que no termina nunca y que, aún en ese momento final y principiante de todas mis memorias, parecía extenderse por muchas manos más.

Sabía, pero sabía poco. Sé pocas cosas y las que creo conocer las giro y giro para suenen distinto. Y a ratos, como hoy que tengo algo de tiempo para contar algo que no tiene sentido alguno, creo que no se nada. Creo (quiero) creer en la insólita e insolente certeza de 22 ires y venires tomados de mis manos y entregados a caderas extrañas. "Todo esto no son sino palabras tontas y repetidas", seguro me va a decir.

El episodio se acababa. O empezaba.

Saturno es bello, aunque no recuerdo absolutamente nada de él. Me encontré con los de nunca y, tal como siempre, no me dijeron nada nuevo. Tener hoy mi realidad tibia de pequeñas y fragiles esperanzas es la mejor de las pérdidas que puedo tener. Porque perdí algo, por allá cerca, que creo no volver a necesitar, al menos por un tiempo. Ese conocimiento de estados alternos y personajes insidiosos. Ese interminable procedimiento culposo de "te quieros" abreviados y malhumorados (des)encuentros. Voy a gritar que Saturno no es como lo creen, solo para despeinar y malhumorar a las plazas/masas. Tal vez porque yo no estuve realmente ahí. O porque todo aquello no fué mas que la manifestación bruta y carmesí de mi dislexia, de mis miopes decisiones.

Finalmente, antes de que fuese concluso el episodio, cuando aún era tiempo de ver y antes que todo terminara y (re)comenzara, estiré todo por cuanto llevo en lugar de manos y unos cuantos dedos prestados. Algo alcancé. Algo me visitó. Digamos un trapo. Un material ígneo e incoloro. Desgarré un trozo. Nada mas que un segmento (que, honestamente, alcanza apenas para hacerse de unas calcetas y tal vez un solo guante. Eliga usted la mano). Garabateé rápida y esperpénticamente unas cuantas frases y fresas redondas de emoción polaroid y las envolví en un papel. Luego, le envié esta carta, adjuntando esa pequeña parte de mis trastornos, para que usted decida que hacer con ellos. No sugiero comerlas: aun paridas por mi excesivo tiempo libre, tengo problemas para digerirlas y no pocas nauseas me produce siquiera pensarlo. Mas, si me lo permite, le sugeriria entérrarlas lejos. No me diga donde; solo dígame cuando. Por si luego tengo que buscar, encore une fois.

Tal vez no sea necesario.

Desde Saturno, se sentía un calor de esos. Y habían unas nubes de esas. La gente usaba medias pálidas del norte. Volaban los dibujos inquietos, tal como aquí. Tambíen había de aquellas pequeñas y misteriosas cajitas de fe que aquí la gente utiliza, equivocadamente claro está, para cruzar las calles. Si, todo era muy similar. Todo siempre ajeno.


Y había uno dando vueltas.

Paseando por Saturno. Despidiéndose. Abrazado a lo inesperado secretamente esperado.

"un jour le bonheur vous sourit
vous êtes comme moi le premier surpris
une fraction de seconde
on voit le bout de l'infini "

- Une fraction de seconde / Holden


PS: Larga pausa. Hoy, en exámenes. Salvo por aquello, son buenos momentos. Muy buenos.

PS2: Feliz invierno a todos.

viernes, abril 14, 2006

Sabor otoño.

Mood: lalunaentraporecielo. Playing: Pausa - Saiko

Padezco un vicio común pero no por ello menos particular; porque nunca es igual: caminar/escuchar lo que otros cantaron o dijeron por ahí. A donde sea. No por la idiotez y vanidad de sentirme un lugar común. Digo, no exclusivamente por eso. Es para creer; en una pausa, en un encuentro, en una mentira. Elija usted.

Doy varias vueltas en círculo y tal vez por ello algunos me creen bailando torpemente un réquiem asfaltado. Música y extras de por medio, conversaciones sin azúcar y quiebres; todo, cuando tal vez debería estar en otro sitio. Ese que no llega nunca.

Pasa un silencio de semifusa. No, es una corchea; las confundo, para variar. No leo música y a ratos me parece más fácil leer a las personas. Aunque otra cosa es cantarlas. Me tranquiliza la idea de saber que otros, escondidos elefantes vengativos y buenas excusas, se pasean tomados de las manos, queriéndose y no tanto, sintiéndose tontos insuficientes por sentir en vez de estar. Puedo sentir. Y puedo estar contigo.

“Mon pays, mon sang, ma rue, / Sont dans tes yeux, je les ai vus.” (Mi país, mi sangre, mi calle. Están en tus ojos, los he visto) Un episodio de Noir Desir - L’Enfant Roi.

Tomo la decisión inesperada y más amarga, consciente del lirismo que conlleva. Preso de una instancia íntima y mínima, cruzo y cruzo calles; peatón. Con o sin luz verde, sospechando apenas la grandeza infinita y frágil de mis dos presencias. Suelo mirar, un poco nada más, esos quioscos de Ahumada. Publicaciones públicas sin matices ni tonos. Unas pocas letras independientes. Porno, caras lindas y no otras no tanto. Alzas y bajas, surtidos de galletas, cigarros sin filtro y raspes sin suerte. Nadie anda con suerte y yo voy creyéndote un buen lugar para regresar. Pienso, mientras me pellizco una ceja y caliento involuntariamente una manzana verde, en la posibilidad de tener los dientes bien amarillos y una chaqueta sucia para, al fin del día, ser un tipo honesto y predecible. En el Haití hay gente sin tiempo que, medio en serio y media mirada, lo va perdiendo mientras miran como se extingue el último reflejo. La última puerta giratoria y dos de azúcar, por favor. Así como mis viajes tontos y mis disfraces prestados; de todo aquello te contaré un día, mientras te hagas la dormida y yo esté culpándome por no quedarme un poco más.

“Le vent les portera / Tout disparaîtra /Le vent nous portera .” (El viento los llevará. Todo Desaparecerá. El viento nos llevará). Vuelve Noir Desir solo para decirme Le vent nous portera.

No importa cuantas veces lo haga, este y otros circuitos con ceño fruncido y picazón de nariz. Me siento la falta de ortografía que falta; la mano que no se encuentra en el rostro; ese feliz tan infeliz que siente que está perdiendo el tiempo cuando en realidad nunca lo ha tenido.
No fumo y pienso, ahora permutando a Huérfanos, que tengo una buena mentira perdida y que no tiene para qué regresar: saberme una existencia precaria entre gente muy alta. O esa otra de ser un buen observador, cuando lo cierto es que pierdo la vista por no cerrar mas a menudo los ojos. Sí, es cierto que camino siempre por esta misma ruta y por otras tan lejanas y cómplices. Que paro un poco en esa arista para ver las cientos de películas, clásicas y no tanto, que nunca veré y toda aquella ínfima parte de sensaciones que me visitarán; mientras otras tantas se quedarán en la vereda opuesta. Esa culpabilidad por sentir con cuentagotas. Como en la calle, compro de lo que se vende y de lo otro, recordando frases y fases de desilusión. Recordando, así sin recordar como un tonto, como puedo ser a veces una buena imagen granítica y como a veces me frustra tanto el que no me alcancen los brazos cuando te abrazo.

“Sociability / It’s hard enough for me/ Take me away form this big bad world /And agree to marry me / So we can start all over again”. Blur - Coffee and Tv vuela con esa ingenua pero tan cierta necesidad de comenzar todo de nuevo. Yo elijo lo posible y lo real: comenzar, nada más. Comenzar de una buena vez.

Tal vez sea cierto que aquel personaje se sienta agotado. Me agota la insinuación pero no esa que intuyes sino esta: “cuando el dedo indica el cielo, el tonto mira el dedo” como se burlaba un niño en una película francesa del idiota que esperaba sin esperar nada. Detrás de los taxis me paseo para pensar en las otras rutas que podrían desaparecer. Y como ese aire de tiempo mágico, esa tormenta de papeles firmados y pelusas en el metro, como el saludo de las sopaipillas y mi siempre burocrática sonrisa: solo vale aquella en que muestro los dientes. “Cuidado oiga, camine derecho y no ande botando todo eso por aquí. Que ya tenemos demasiado.”

“Tranquila toma la llave / Yo te la doy de regalo / Que abre todas las puertas que están cerradas con candado.” Gepe podrá cantar La enfermedad de los ojos, pero quién sabe si la ha padecido realmente.

Cambio y es otra de Gepe, Namás. “Déjame entrar no digas nada / No digas nada y no digas nada mas”. Ahora tengo ganas de correr. No hace tanto frío; pero rápida la memoria, recuerdo que detesto correr. Hoy prefiero bailar la intuición de un artesano maldito. Cantar la sospecha de un mal día. Escuchar mis pasos un poco mas atrás, lentos y salados. Suspirar tu presencia y el dúo. Pensar con eco no es mi costumbre adquirida. No tengo el hábito de la necesidad aún cuando lo perseguí tanto. Ni el de extrañar para luego regresar. Ella, esa calle, me sugiere que quererte sea una necesidad. Una pausa. No, ninguna pausa respondo yo. Esto parece más bien, otra forma de ponerle play a mi vida. Después de varios largos paréntesis y viajes sin turismo ni souvenirs.

"So, let go /Jump in / Oh well, what you waiting for?" Me recuerda Frou Frou con Let Go que un Garden State puede, angustioso tal vez, llegar en un otoño como este.

"Ah, mira!" Ya apareces a la vuelta de la esquina. Me estás esperando y llego tarde; tan tarde como todos esos días martes; esos que duraron muchas semanas. Te voy a buscar; o tú a mí. O bien ambas y ninguna. Un beso para luego vestirte de todas aquellas palabras que tuvieron un presente ajeno.

Parecen tantas. Tantas las esquinas donde te esperé.

Me habrías visto cantando los silencios. Masticando la rabia. Temblando de saberme descubierto y hablando sin decir nada.

Para luego sentirte, sabor otoño.

Para hoy estar contigo.

“(...) y encontrarte en un lugar. Y festejar juntos la suerte. Poder quedarme hasta el final”. Saiko – Pausa.



PS: Feliz otoño a todos.

Merci et à bientôt