Morceaux choisis: all that you can't leave behind. Vol I
Mood: Santiago state of mind. Playing: Sometimes you can't make it on your own - U2
Terminé. Se acabó tercer año. Pasé todo. Voté, me costó doblar el voto y casi no tenía saliva para pegar la estampilla. Estoy durmiendo mucho mejor; los ingenuos barbitúricos hacen efecto y me siento más ligero. Pero no solo gracias a eso; gracias a todos.
No sabía de que escribir. O más bien, tengo bastantes temas que darían para escribir unos cuantos trozos pencas. Así que opté por rescatar pedazos elegidos que no se pueden dejar atrás. Y que nunca está de mas recordar. Vol 1. Le voilà !
Se involucró con idiotas pseudo-fachistas y con delirantes anarquistas. Tipos de catálogo, de cera. Cobardes y fríos. Calculadores. A diferencia de muchos ñoños romantico-nihilistas, yo no babeaba tristemente como mero espectador. Intervine, intruso, varias veces. Un día tarde, después del colegio, le confesé mi incomodidad; mi particular angustia: que me gustaba. Que rayaba con su onda: "te llevo para que me lleves" diría Cerati. Elaboré tramas desechables, dialogos ingeniosos, regalos y quiebres. Encuentros, frases. Analogías tontas que me agotaron temprano. Se fueron todos ellos, y siempre quedábamos los dos. Como le pont mirabeau de Apollinaire "los días se van y yo me quedo". Nos quedabamos. Fue algo así, pero con música de Oasis, los Tres y Pulp. Nunca me dió una respuesta. Nunca entendí porqué, pero siempre terminaba sentada al lado mío, sin decir nada. Se amarraba a sus rodillas; se desarmaba como un crush-dummies y volvía a armarse al lado mío.
Recuerdo tal vez, el único momento en que fuimos sinceros. En donde, creo, me dió la respuesta. En la calle, donde todo comienza y termina. Frente a la casa de una amiga en común que celebraba, adentro, su cumpleaños. Estaba ella, con una de sus faldas colorinches y una polera de tirantes roja. Los hombros huesudos al descubierto y el pelo crespo, tan complicado como siempre. Se había sentado en la acera tomándose las piernas. Parecía un arbusto pequeño y frágil, con vocación de arbol de pascua gótico. Yo estaba de pie, al lado. Era diciembre, hacía calor y esperábamos los resultados de la PAA. Cuarto medio había terminado, pero se prolongaba en esa calle.
- Se siente bien.
- ¿Que cosa?
- Esto. Estar aquí.
- ¿Afuera?
- Sí. Nadie sabe donde estoy ahora. Nadie. No podrían encontrarme. Tendrían que buscarme, esforzarse.
- Lo sé. Yo tampoco sé donde estas.
- Tu sabes.
- No, pero tu sabes que quiero saber, de verdad.
- Ya pos. No tengo que responder. Ahora no.
- ¿Volvemos ya?
- Sí. Volvamos.
"Enfermera no la deje entrar / no haga mas cruenta esta enfermedad". Fue ese, como Alvaro Henriquez, mi último adios en el forestal, cuando llevaba unos meses en 1er año en la uc. Todos las despedidas son engañosas, porque uno se despide, con el embustero dramatismo que tiene todo aquello; engañándose pensando siempre en el regreso. ¿Como tengo que entender a los 15, a los 18, a los 21 años un "nunca", o un "adios" definitivo? Así fue, un día nublado de Agosto. Así, me despedí. Ella nunca entendió que, más que una respuesta, más que un sí o un no, lo único que quería era una foto. Su foto, tal vez. O la que sea. Para cortarla y pegarla lejos y así tener siempre un lugar hacia donde correr. Aunque ya no sea lo mismo; porque nunca es lo mismo.
"Please don’t bother trying to find her
About Her de Malcolm Mclaren (Kill Bill 2 OST) me visita al winamp. Una nueva versión brutal. Buenisima.
Terminé. Se acabó tercer año. Pasé todo. Voté, me costó doblar el voto y casi no tenía saliva para pegar la estampilla. Estoy durmiendo mucho mejor; los ingenuos barbitúricos hacen efecto y me siento más ligero. Pero no solo gracias a eso; gracias a todos.No sabía de que escribir. O más bien, tengo bastantes temas que darían para escribir unos cuantos trozos pencas. Así que opté por rescatar pedazos elegidos que no se pueden dejar atrás. Y que nunca está de mas recordar. Vol 1. Le voilà !
Tarde o temprano. Más temprano que tarde, mas bien, en un blog se habla de amor. En un café, en una micro. Donde sea, siempre uno tiene un mal recuerdo que contar. O uno bueno; para que quejarse, siempre hubo el "buen momento" en que pareciamos viviendo el jet-lag amoroso: esa confusa sensación de estar drogado con destino. Entonces, siempre se habla de eso. Hoy, si es que no se ha hablado antes, entre lineas. ¿Es inevitable? "¿Que la gente no tiene pudor?" dicen los testigos. Siempre se termina hablando de amor, aún cuando no se quiera. O de sus fieles sucedáneos; todos esos pseudo-amores privatizados comprados por Village y plasmados en melosas tarjetas hallmark. No creo que sea esta edad en particular, insuficiente en otras inquietudes, la que nos lleva siempre a hablar de ello. No creo. O si vivir en ciudades sin esquinas como esta, haga que nos obsesionemos con no estar solos. Por evitar la siempre sobreestimada soledad.
"Some folks like to get away / take a holiday from the neighborhood" canta Billy Joel en su New York State of Mind. A él le gusta quedarse en Nueva York, aunque el resto se vaya. Por estos días (meses creo), estoy en mi propio "Santiago State of Mind". Tal vez no tenga aquí un Chinatown o un Riverside; pero sí Lastarria y Huerfanos. Mote con huesillo y transantiago.
"Doesn't anybody stay in one place anymore? / it would be so fine to see your face at my door" es un fragmento de Far Away de Carole King. Me quedé pegado luego de oirla en "The Virgin Suicides", pelicula en la que ultimamente estoy estacionado. Notable aquella secuencia en que los chicos, enamorados y aislados, se comunican con las chicas Lisbon a través de la música. Las llaman, levantan el telefono y no les hablan: solo dejan que el tocadiscos haga lo suyo. Ellos preguntan con Al Green. Ellas responden con Gilbert O'Sullivan. Finalmente es Carole King la que se escucha en ambos. En todos. Luego, tras el triste desenlance de la historia, los chicos se preguntan si tal vez no fueron claros; si su llamado no alcanzó a las chicas.
"Some folks like to get away / take a holiday from the neighborhood" canta Billy Joel en su New York State of Mind. A él le gusta quedarse en Nueva York, aunque el resto se vaya. Por estos días (meses creo), estoy en mi propio "Santiago State of Mind". Tal vez no tenga aquí un Chinatown o un Riverside; pero sí Lastarria y Huerfanos. Mote con huesillo y transantiago.
"Doesn't anybody stay in one place anymore? / it would be so fine to see your face at my door" es un fragmento de Far Away de Carole King. Me quedé pegado luego de oirla en "The Virgin Suicides", pelicula en la que ultimamente estoy estacionado. Notable aquella secuencia en que los chicos, enamorados y aislados, se comunican con las chicas Lisbon a través de la música. Las llaman, levantan el telefono y no les hablan: solo dejan que el tocadiscos haga lo suyo. Ellos preguntan con Al Green. Ellas responden con Gilbert O'Sullivan. Finalmente es Carole King la que se escucha en ambos. En todos. Luego, tras el triste desenlance de la historia, los chicos se preguntan si tal vez no fueron claros; si su llamado no alcanzó a las chicas.
"Abrazame / como un cinturón de seguridad" canta Andrea Echeverri (ex – Aterciopelados) en su ultima canción Amortiguador. Notable canción; metafora evidente de un amor diesel. Pero es con Hospital de Los Petinellis que recuerdo a una mujer en particular. Un "niña" sería mas apropiado; pero corresponde "mujer", aunque me den calambres. El genero es fuerte y no un mero juego semántico. El último romance de colegio; la transición. Uno que tuvo un apéndice en parte de mi primer año de u. Perdí su huella hace un tiempo ya; está ausente. Que se fue a EEUU con su viejo, a estudiar, lo último que supe. No pudo con teatro en la Chile y se fué a diseño vestuario en una privada. Nunca pasó nada entre nosotros, como muchas otras veces, más allá de un beso no-beso antes de subirse a una micro, en una noche común. Nos tomamos de la mano una vez, ocasión en que ella iba ebria como nunca, en el auto de un amigo. Los 2 ibamos atrás, aunque creo que yo recuerdo más el episodio. Atrás del resto. No pasó nada, pero me estoy convenciendo de que, por estos dias, no pasa nada entre nadie. Como leí hace un tiempo, todos viven relaciones de consumo antes que humanas. Todos se quieren fumar a alguien; darlos vuelta y ver la fecha de vencimiento. Guardar la boleta y no dar explicaciones cuando hay que devolver el regalo.
La A era imperfecta como todas. Una Victoria de Samotracia kitsch-dark: sin brazos, esperando que alguien la completara con brazos ajenos. Sin rostro; aunque logré verlo en un par de ocasiones, detrás de sus inmensas ojeras. Con alas de cera derretida. Conversábamos mucho y creo que escupí mi amor más de un par de veces. Era blanca como miedo infantil y de pelo negro difícil. Tenia los ojos hundidos, un lunar en cada mejilla y una estúpida tendencia a la muerte. A la suya, en realidad. A veces llegaba con las muñecas cortadas y me las enseñaba para marcarme su huella. Para quemarme. Conocía distintas formas de suicidarse y me las explicaba con parsimonia científica. Pero usaba la peor, aquella que el resto emplea inconscientemente: dejar pasar el tiempo. Se sentaba a marginarse con el resto. Bailaba con ellos, iba a sus fiestas y tomaba lo mismo. A veces se escapaba, a la Blondie, su momentum. Vivía al menos 3 vidas paralelas y creo que le conocí una y media apenas. Nuestros escenarios arrendados, pequeños, predecibles y vehementes, tuvieron más de un encuentro. De charlas tontas, de teatro y de lo insoportable de ser distinto en una sala en que todos se esforzaban para hacerte iguales a ellos.
Al principio, por ahí por primero medio, apenas nos soportábamos. Pero el tiempo no fue haciendo inseparables. Nos reíamos de nosotros mismos, de lo cobarde que podíamos llegar a ser. Un momento de intimidad, recuerdo, tuvo lugar cuando me prestó su chaqueta azul deportiva todo un día, después que me manché la camisa y parte de la corbata con pasta de dientes. Me cubrió la vergüenza y el dentrífico sabor menta. Como buen highschool lover-loser, me quedé pegado oliendo su perfume hasta que terminó el día. Era como aloe vera con fruta seca; no se me olvida nunca. Me hablaba de comunismo chic, de su odio y de teatro. De sus ideas que nunca terminaba de pensar y de su estandarte vegetariano. De su vieja controladora, de su viejo anexo, de la separación.
Al principio, por ahí por primero medio, apenas nos soportábamos. Pero el tiempo no fue haciendo inseparables. Nos reíamos de nosotros mismos, de lo cobarde que podíamos llegar a ser. Un momento de intimidad, recuerdo, tuvo lugar cuando me prestó su chaqueta azul deportiva todo un día, después que me manché la camisa y parte de la corbata con pasta de dientes. Me cubrió la vergüenza y el dentrífico sabor menta. Como buen highschool lover-loser, me quedé pegado oliendo su perfume hasta que terminó el día. Era como aloe vera con fruta seca; no se me olvida nunca. Me hablaba de comunismo chic, de su odio y de teatro. De sus ideas que nunca terminaba de pensar y de su estandarte vegetariano. De su vieja controladora, de su viejo anexo, de la separación.
Se involucró con idiotas pseudo-fachistas y con delirantes anarquistas. Tipos de catálogo, de cera. Cobardes y fríos. Calculadores. A diferencia de muchos ñoños romantico-nihilistas, yo no babeaba tristemente como mero espectador. Intervine, intruso, varias veces. Un día tarde, después del colegio, le confesé mi incomodidad; mi particular angustia: que me gustaba. Que rayaba con su onda: "te llevo para que me lleves" diría Cerati. Elaboré tramas desechables, dialogos ingeniosos, regalos y quiebres. Encuentros, frases. Analogías tontas que me agotaron temprano. Se fueron todos ellos, y siempre quedábamos los dos. Como le pont mirabeau de Apollinaire "los días se van y yo me quedo". Nos quedabamos. Fue algo así, pero con música de Oasis, los Tres y Pulp. Nunca me dió una respuesta. Nunca entendí porqué, pero siempre terminaba sentada al lado mío, sin decir nada. Se amarraba a sus rodillas; se desarmaba como un crush-dummies y volvía a armarse al lado mío.
Recuerdo tal vez, el único momento en que fuimos sinceros. En donde, creo, me dió la respuesta. En la calle, donde todo comienza y termina. Frente a la casa de una amiga en común que celebraba, adentro, su cumpleaños. Estaba ella, con una de sus faldas colorinches y una polera de tirantes roja. Los hombros huesudos al descubierto y el pelo crespo, tan complicado como siempre. Se había sentado en la acera tomándose las piernas. Parecía un arbusto pequeño y frágil, con vocación de arbol de pascua gótico. Yo estaba de pie, al lado. Era diciembre, hacía calor y esperábamos los resultados de la PAA. Cuarto medio había terminado, pero se prolongaba en esa calle.
- Se siente bien.- ¿Que cosa?
- Esto. Estar aquí.
- ¿Afuera?
- Sí. Nadie sabe donde estoy ahora. Nadie. No podrían encontrarme. Tendrían que buscarme, esforzarse.
- Lo sé. Yo tampoco sé donde estas.
- Tu sabes.
- No, pero tu sabes que quiero saber, de verdad.
- Ya pos. No tengo que responder. Ahora no.
- ¿Volvemos ya?
- Sí. Volvamos.
"Enfermera no la deje entrar / no haga mas cruenta esta enfermedad". Fue ese, como Alvaro Henriquez, mi último adios en el forestal, cuando llevaba unos meses en 1er año en la uc. Todos las despedidas son engañosas, porque uno se despide, con el embustero dramatismo que tiene todo aquello; engañándose pensando siempre en el regreso. ¿Como tengo que entender a los 15, a los 18, a los 21 años un "nunca", o un "adios" definitivo? Así fue, un día nublado de Agosto. Así, me despedí. Ella nunca entendió que, más que una respuesta, más que un sí o un no, lo único que quería era una foto. Su foto, tal vez. O la que sea. Para cortarla y pegarla lejos y así tener siempre un lugar hacia donde correr. Aunque ya no sea lo mismo; porque nunca es lo mismo.
"Please don’t bother trying to find her
she’s not there
she’s not there…"
About Her de Malcolm Mclaren (Kill Bill 2 OST) me visita al winamp. Una nueva versión brutal. Buenisima.
Como sea, toda esta historia añeja y viciada de amor-en-tiempos-de-ñoñez-colegial me vino a la mente, de golpe, mientras esperaba a un amigo y un chocolate con leche. Entre incendios de paranoia y heroes que sobran, un dialogo llegó a mí. Fuí solo un indiscreto, en un día de taca-taca, fotocopiadoras, escotes y exámenes:
- Pero si fuera una mina taza, ¿me seguirías queriendo?
- ¿Una mina taza? ¿Que wea Fran, como eso?
- Si pos. Si me faltara una oreja, sería una niña taza. ¿Me seguirías queriendo?
- Supongo. Si no te quiero para tomar café.
La clave está ahí. Todos hablan distintas mierdas. Pero parece que pensaran en lo mismo. ¿Amor?
- Pero si fuera una mina taza, ¿me seguirías queriendo?
- ¿Una mina taza? ¿Que wea Fran, como eso?
- Si pos. Si me faltara una oreja, sería una niña taza. ¿Me seguirías queriendo?
- Supongo. Si no te quiero para tomar café.
La clave está ahí. Todos hablan distintas mierdas. Pero parece que pensaran en lo mismo. ¿Amor?
PS: El bajoneo-post-adolescente-de-fin-de-año parece haber quedado atrás. Cambié la dieta. Parece que está funcionando.
PS 2: Fuí al concierto de Juanes. Increible. Lamentable el público apagado. Pero estuvo genial, buenísimo . Gracias a la invitación de mi hermana-la-que-trabaja-y-que-ya-no-recibe-mesada. A ella mis bendiciones.
PS 3: Viene U2. Con Franz Ferdinand de telonero. Empecé a juntar lucas.
PS 4: Aún no encuentro pega. He enviado mi CV a varios sitios. Grito por todas partes "show me the money!" y nada. "Espera, espera" me dicen.
PS 5 : Gracias por la visita.
Merci et à bientôt





