viernes, febrero 10, 2006

Artefacto: primera impresión.

Mood: Play it again Sam. Or not. Playing: La Plume - Louise Attaque

“Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.”

(Julio Cortázar / Viajes)




Nota del autor: Es de público conocimiento que tanto las intuiciones como las sospechas y las primeras impresiones, entre otros, no son sino artefactos de simple-complejo diseño y de variados ritos. Confeccionados por la ilusión y la inquietud, hablamos de pequeñas maquinas de movimiento continuo, pequeños ingenios diesel, ruidosas, que exhalan humos y otras melodías (que algunos insisten en bailar, torpemente) que, sin lugar a dudas, contaminan la tibia inocencia que todos predicamos tarde o temprano, sea frente a un café, una colisión vehicular o una operación de apéndice. Luego, y evitando caer en una secreta seguridad semántica, me veo en la obligación boreal de señalar que la próxima que ustedes se aprestan a leer (mis bendiciones por ello) funciona solo en la lógica de la dramatización y siempre y cuando los engranajes bailen como calcetines al viento; esto es, solo si se cree que las intuiciones (mas divinas que humanas) pueden triunfar sobre las sospechas (mas humanas que divinas, por el dolor presente). De las primeras impresiones no pretendo discutir (menos aún de las coincidencias, dios me libre), salvo advertir que, tal como el hecho de tomar un taxi o correr las cortinas, son una cuestión de fe. De aquella de ojos cerrados y brazos extendidos. Disfruten la caída.




Estoy seguro que recuerdas esa conversación. Me imagino que sí. Fue la primera que tuvimos. Y la última. No me quisiste mirar a los ojos. Fingí que fumaba de toda la vida. Pediste helado de canela y yo café. Supimos ahí, en ese momento preciso, que no nos volveríamos a ver. No; no habría una segunda vez. Había ilusión, como siempre la hay entre un hombre y una mujer. También esperanza, porque si no, perdíamos el tiempo; era frágil y tan sencillo.

Hablamos solo idioteces: que libros habíamos leído y cuales no. De cómo sobrevivíamos entre líneas y como fingíamos ser vecinos deportados. De la miseria de engañarse un poco todos los días, para evitar el gulag de dientes y grasa. Te esperé con Huidobro y tu llegaste con Kundera. Pero eso, francamente, poco y nada interesaba. Había mucho ruído, de esas máquinas y esos fósforos; ellas nos salvaron del pudor de escucharnos demasiado. Y llegaste tarde, ahora lo recuerdo. Me hiciste esperar y estuve cerca de irme. Ahora que lo pienso, siempre estoy cerca de partir, junto a esas migas verdes y húmedas.

Bailaste con tu nariz cada uno de mis juegos semánticos. Te diste cuenta, o al menos sospechaste, sin duda, que hablaba mas de lo que decía. Me respondías todo lo que ya te había escuchado decir cuando no decías nada; cuando pasaba el instante y llegaba el silencio, yo lo cantaba, bajito. Fuiste predecible e instantánea. Recuerdo haber entendido todo en un momento: no hice nada mas que evitar que te volaras junto al papelito que nos ataba a la mesa y pasé a llevar tu mano; se te deshizo, como si hubiese sido de sal. Se me durmió la mitad del cuerpo y me picaba la nariz; no me reía con tu chiste ni creía tu historia. Era tan triste, recuerdas. Te veías como querías ser, blanca y ligera. Pétrea y mentirosa; no sabías bien que hacías ahí. Me veía como no quería ser, predecible y honesto. Ansioso.

Quise irme desde el primer momento; no conozco la razón. Ya no quería escuchar más y, sin embargo, me quedé hasta el final. Se me cerró la garganta de pronto, fumé; se contrajo de tal modo que ese humo prematuro pudo abandonarme solo tras un par de semanas. Pienso, ahora que no tengo el tiempo para perderlo y que mi reloj baila valz por su poca batería, que solo se conoce una vez y que el resto ya lo has escuchado antes. Y no creo nada de que las personas sean únicas. Todas se parecen demasiado unas a otras. Una vez, tal vez la primera o la última si prefieres, solo una vez tocas tu rostro. Luego solo son ojos sin una cara. Una vez regalas la impresión; la alteridad requerida. El resto, no lo conozco.

Hago el ejercicio; de la hipótesis al paradero: creo que podría decir tu nombre, en mis labios, por mucho tiempo, pero tendría siempre sabor a anécdota.

No entiendo porqué casi al final, dejaste escapar una ceja ajena para que te respondiera con una ironía: escribiste tu nombre. Yo no quería responder pero no quise conservar la hoja. Pesé con mis habituales manías cada una de tus palabras para hoy no recordar ninguna. A decir verdad, apenas te recuerdo las mejillas, un trozo de cuello y un par de uñas. Pensé en pedirte un “te quiero” o en, sin mas hipocresía que la maldita, escribirlo en tu espalda, cuando nos despedimos. Y no se me ocurrió más que dejarte la pluma. Esa que ya no me pertenecía.

Nunca fue una excusa: los dos cumplíamos con un deber lento e indeseado. Nos movimos por intereses simples y distintos; la búsqueda de lo que no se tiene para dar lo que no se espera. Te acompañé al metro, pensando que tu pelo había cambiado de color. Con buena letra, no sé bien porqué, quise acompañarte. Parecías tan pequeña, sabes. Solo pensaba en el regreso; en la anécdota. Quería sentarme en una micro, sobre el cemento, y disfrutar la caída. Ese viaje.

Pensé que podría escaparme un rato. Tu pensaste que no volvería.

No nos equivocamos.

Louise Attaque – La Plume

Je te donne la plume pour qu'tu dessines
la plus belle ville que t'aies connue
le plus bel hymne que t'aies voulu
je te donne la plume
moi j'en veux plus

(yo te doy la pluma para que tu dibujes
la ciudad mas bella que hayas conocido
el himno mas bello que hayas querido
yo te doy la pluma,
yo no la quiero más)



PS: ¿Y esto? Ropa vieja. Comida añeja recalentada. Ni tanto, a decir verdad. Era algo para rellenar, lo admito. Para que el blog siga existiendo. Hace mucho calor y la verdad es que, como a muchos, solo el frio me da (buenas) excusas.

PS2: Despues de todo, las primeras impresiones engañan, no?

PS3: El tema inspirador, de Louise Attaque, lo pueden bajar aquí. Un clásico de este brutal grupo frances rock-folk.

Merci et à bientôt