sábado, marzo 11, 2006

La hora insuficiente: brazos de neón.

Mood: Entre ciruelas suicidas y tiempos modernos. Playing: Maybe Tomorrow - Stereophonics

No hay hora insuficiente en que las luces no quieran tocar el cielo. Que no sienta vergüenza por no poder llegar mas lejos que mis cortos brazos. Así, cortesía linea 4 del metro, las espío a las luces. De lejos, algunos días más de cerca. La hora insuficiente en que el día se despide; yo digo adiós y mi ipod muere sin bateria.

“And the battle’s just begun / There’s many lost, but tell me who has won /The trench is dug within our hearts” canta U2 su Sunday Bloody Sunday; mi ipod guarda silencio y se va a dormir. “Pero dime quién ganó” parece ser una pregunta que me hago muy a menudo. Dejo Vicente Valdés. Sin música, pienso que el viaje se me hará mas largo. Tal vez. Y vuelvo a escuchar mucho de lo que, por manías y cobardía, creí desterrado para unos meses más. Una discusión pendiente. Ya llevo una semana de cuarto año de Derecho. El punto de no retorno quedo atrás. En la hora insuficiente.

Cuando recibes el año con la cara hinchada y con un par de muelas menos, te ries y de reojo esperas que el año no sea tan decepcionante. Imposible no tener expectativas y creer, cual casino, que te toca sentarte en la maquina ganadora. Esperaste y esperaste; después que todo el resto perdió en esa, te sientas, se encienden las luces y caen monedas. No puedo quejarme, claro, pero tampoco conformarme únicamente con sobrevivir. Es hora de encontrar un oficio en el ghetto y aspirar a momentos felices con vino tinto. Si me lo repito varias veces, hasta suena agradable.

Entonces ¿que fue de las vacaciones? Mucho Rapel, sol, dormir y comer mucha fruta de la zona. Y carne, grasa y cerveza. Mucha. Leer y sonreir lejos del resto. Luego fueron unos dias en Viña con un “bello grupo humano universitario”: Gonzalo, Nicolás, Claudio, Ricardo y Cristóbal. Me di cuenta de una realidad no siempre tan evidente: calculo mis momentos felices, la mayor parte, con la medida de la risa. Entonces, entre arena, alcohol, calles y cartas, me sentí mejor. Me siento mucho mejor. Ser parte de anécdotas puede ser muy bueno a veces.

“Me voy porque aca no se puede,/ me vuelvo porque alla tampoco / Me voy porque aqui se me debe, / me vuelvo porque alla estan locos / Sur o no sur...” Kevin Johansen sonaba un día, una noche mas bien, mientras nos movíamos en Valparaíso. Pensé en el desarraigo emocional que a veces me contagia y me sentí, al menos por unos momentos, parte de un baile que no tenía tanto de extraño como creí. Si, fue una buena semana aquella. Tengo mucho de ellos, aún cuando a veces no quiera reconocerlo. No es ningún misterio que todos queramos participar de la hora insuficiente.

Estación Grecia. Suben 3 personas. Me siento un poco afiebrado. El pasto mojado no es siempre una buena opción. Una chica emo, regresando del colegio, se sienta 2 espacios a mi izquierda. Me mira, la miro. Estornudo y, sospecho emitir un sonido no muy agradable al sonarme. “Mierda, solo quiero llegar a dormir.” Afuera, la ciudad parece alcanzar la noche.

El primer día, el regreso, tiene mucho de falsa esperanza. Hay muchos abrazos y besos que sobran. Si pudiese ahorrar algo de aquello, lo haría. Veo que llega mas gente rubia. Naturales y no. Más gordos y mas extraños. “Los extrañé, no saben como” les digo, bajito, al oído de mis (verdaderos no plásticos) amigos. Para que el resto no sospeche, que en realidad, les miento demasiado. Los hago reir y me responden “las cosas serían distintas sin alguien como tu por aquí.” ¿Realmente lo serían?

Estación Simon Bolivar. “So maybe tomorrow /I'll find my way home”, Stereophonics cierra Crash, la reciente ganadora del Oscar a la mejor película. Pero comienza con Graham (Don Cheadle), encerrado en metal y vidrio: “En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre detras de este metal y vidrio. Creo que extrañamos tanto ese tacto, que chocamos contra otros, solo para que podamos sentir algo”. “Sentir” esta totalmente devaluado por estos dias. La realidad parece tener el espesor de mi televisor y arriesgamos la vida, a veces unos minutos nada mas, solo para sentir algo. 25 pulgadas de sentimiento y cambiamos la programación. Luego, nos da vergüenza y lo olvidamos rapidamente: “no es asi como se despliegan mis manos, mis recuerdos” pensamos y nos creemos un poco el resto. Me cuento un cuento y cuento los días. Me duermo, tratando de creer en Marzo. “Siempre habrá infiernos donde dormir / me hacen falta” aquel trozo de Proverbios de Javiera Parra y los Imposibles parece un himno a ratos. A veces, para mi también.

Que a veces me engañe y me haga pasar por el resto no es novedad. Que presienta que este año pueda ser distinto, es un mal hábito adquirido. Que no tenga una memoria selectiva también. Que piense, un poco cada día, que me equivoqué al estudiar derecho, ya me da asco. Que caminar un rato por el centro me haga olvidar este aislamiento es algo que deja de tener sentido en la hora insuficiente.

Estiro mis brazos justo antes de que el metro de sumerja. Pienso en mi colección de horas insuficientes. Todas las veces que no encontré la calle que buscaba. Que la micro dio vuelas y vueltas. Esa hora en que tuve fiebre y vi brazos al cielo y no luces amarillentas y smog. Esa noche a la que no regresé por miedo o por honestidad. En que no te encontré dando vueltas en la combinación de Baquedano o Tobalaba.

En esos brazos, estirados. Al cielo o a tí. En esos brazos cortos míos, en donde termino. En donde comienzan las luces.

Estación Francisco Bilbao. Desciendo y asciendo. Quiero ir mas allá del metal y el vidrio aunque no sea momento de una hora insuficiente.

“maybe tomorrow...”

Si. Tal vez mañana.

“Neon heart day-glow eyes
A city lit by fireflies
They're advertising in the skies
For people like us”
(U2 / City of Blinding lights)




PS: Si. Así es. Fin a mis meta-orgíasticas vacaciones y, tras un reality check, vuelvo (volvemos) a la realidad. ¿Cual realidad? Ya saben, esa de convención de ginebra, susan sontag, las ultimas noticias y transantiago. Papas fritas en cucurucho y apuntes de derecho civil.

PS2: "Oh, este tipo rayó con U2. No se sabía ninguna y ahora las canta todas". Si, algo de eso hay. Con Franz Ferdinand era el único que saltaba y cantaba. Ah si, y mi hermana-la-que-trabaja.

P3: Hace una semana encargué a traves de una disquería el album "Illinois" de Sufjan Stevens. Algo así como Rock-Folk gringo. Había bajado unas cuantas canciones y aluciné. Me llamaron y dijeron que había llegado. El problema: no tengo el otro 50% del dinero para retirarlo. Pero ya llegará.

Merci et à bientôt