viernes, abril 14, 2006

Sabor otoño.

Mood: lalunaentraporecielo. Playing: Pausa - Saiko

Padezco un vicio común pero no por ello menos particular; porque nunca es igual: caminar/escuchar lo que otros cantaron o dijeron por ahí. A donde sea. No por la idiotez y vanidad de sentirme un lugar común. Digo, no exclusivamente por eso. Es para creer; en una pausa, en un encuentro, en una mentira. Elija usted.

Doy varias vueltas en círculo y tal vez por ello algunos me creen bailando torpemente un réquiem asfaltado. Música y extras de por medio, conversaciones sin azúcar y quiebres; todo, cuando tal vez debería estar en otro sitio. Ese que no llega nunca.

Pasa un silencio de semifusa. No, es una corchea; las confundo, para variar. No leo música y a ratos me parece más fácil leer a las personas. Aunque otra cosa es cantarlas. Me tranquiliza la idea de saber que otros, escondidos elefantes vengativos y buenas excusas, se pasean tomados de las manos, queriéndose y no tanto, sintiéndose tontos insuficientes por sentir en vez de estar. Puedo sentir. Y puedo estar contigo.

“Mon pays, mon sang, ma rue, / Sont dans tes yeux, je les ai vus.” (Mi país, mi sangre, mi calle. Están en tus ojos, los he visto) Un episodio de Noir Desir - L’Enfant Roi.

Tomo la decisión inesperada y más amarga, consciente del lirismo que conlleva. Preso de una instancia íntima y mínima, cruzo y cruzo calles; peatón. Con o sin luz verde, sospechando apenas la grandeza infinita y frágil de mis dos presencias. Suelo mirar, un poco nada más, esos quioscos de Ahumada. Publicaciones públicas sin matices ni tonos. Unas pocas letras independientes. Porno, caras lindas y no otras no tanto. Alzas y bajas, surtidos de galletas, cigarros sin filtro y raspes sin suerte. Nadie anda con suerte y yo voy creyéndote un buen lugar para regresar. Pienso, mientras me pellizco una ceja y caliento involuntariamente una manzana verde, en la posibilidad de tener los dientes bien amarillos y una chaqueta sucia para, al fin del día, ser un tipo honesto y predecible. En el Haití hay gente sin tiempo que, medio en serio y media mirada, lo va perdiendo mientras miran como se extingue el último reflejo. La última puerta giratoria y dos de azúcar, por favor. Así como mis viajes tontos y mis disfraces prestados; de todo aquello te contaré un día, mientras te hagas la dormida y yo esté culpándome por no quedarme un poco más.

“Le vent les portera / Tout disparaîtra /Le vent nous portera .” (El viento los llevará. Todo Desaparecerá. El viento nos llevará). Vuelve Noir Desir solo para decirme Le vent nous portera.

No importa cuantas veces lo haga, este y otros circuitos con ceño fruncido y picazón de nariz. Me siento la falta de ortografía que falta; la mano que no se encuentra en el rostro; ese feliz tan infeliz que siente que está perdiendo el tiempo cuando en realidad nunca lo ha tenido.
No fumo y pienso, ahora permutando a Huérfanos, que tengo una buena mentira perdida y que no tiene para qué regresar: saberme una existencia precaria entre gente muy alta. O esa otra de ser un buen observador, cuando lo cierto es que pierdo la vista por no cerrar mas a menudo los ojos. Sí, es cierto que camino siempre por esta misma ruta y por otras tan lejanas y cómplices. Que paro un poco en esa arista para ver las cientos de películas, clásicas y no tanto, que nunca veré y toda aquella ínfima parte de sensaciones que me visitarán; mientras otras tantas se quedarán en la vereda opuesta. Esa culpabilidad por sentir con cuentagotas. Como en la calle, compro de lo que se vende y de lo otro, recordando frases y fases de desilusión. Recordando, así sin recordar como un tonto, como puedo ser a veces una buena imagen granítica y como a veces me frustra tanto el que no me alcancen los brazos cuando te abrazo.

“Sociability / It’s hard enough for me/ Take me away form this big bad world /And agree to marry me / So we can start all over again”. Blur - Coffee and Tv vuela con esa ingenua pero tan cierta necesidad de comenzar todo de nuevo. Yo elijo lo posible y lo real: comenzar, nada más. Comenzar de una buena vez.

Tal vez sea cierto que aquel personaje se sienta agotado. Me agota la insinuación pero no esa que intuyes sino esta: “cuando el dedo indica el cielo, el tonto mira el dedo” como se burlaba un niño en una película francesa del idiota que esperaba sin esperar nada. Detrás de los taxis me paseo para pensar en las otras rutas que podrían desaparecer. Y como ese aire de tiempo mágico, esa tormenta de papeles firmados y pelusas en el metro, como el saludo de las sopaipillas y mi siempre burocrática sonrisa: solo vale aquella en que muestro los dientes. “Cuidado oiga, camine derecho y no ande botando todo eso por aquí. Que ya tenemos demasiado.”

“Tranquila toma la llave / Yo te la doy de regalo / Que abre todas las puertas que están cerradas con candado.” Gepe podrá cantar La enfermedad de los ojos, pero quién sabe si la ha padecido realmente.

Cambio y es otra de Gepe, Namás. “Déjame entrar no digas nada / No digas nada y no digas nada mas”. Ahora tengo ganas de correr. No hace tanto frío; pero rápida la memoria, recuerdo que detesto correr. Hoy prefiero bailar la intuición de un artesano maldito. Cantar la sospecha de un mal día. Escuchar mis pasos un poco mas atrás, lentos y salados. Suspirar tu presencia y el dúo. Pensar con eco no es mi costumbre adquirida. No tengo el hábito de la necesidad aún cuando lo perseguí tanto. Ni el de extrañar para luego regresar. Ella, esa calle, me sugiere que quererte sea una necesidad. Una pausa. No, ninguna pausa respondo yo. Esto parece más bien, otra forma de ponerle play a mi vida. Después de varios largos paréntesis y viajes sin turismo ni souvenirs.

"So, let go /Jump in / Oh well, what you waiting for?" Me recuerda Frou Frou con Let Go que un Garden State puede, angustioso tal vez, llegar en un otoño como este.

"Ah, mira!" Ya apareces a la vuelta de la esquina. Me estás esperando y llego tarde; tan tarde como todos esos días martes; esos que duraron muchas semanas. Te voy a buscar; o tú a mí. O bien ambas y ninguna. Un beso para luego vestirte de todas aquellas palabras que tuvieron un presente ajeno.

Parecen tantas. Tantas las esquinas donde te esperé.

Me habrías visto cantando los silencios. Masticando la rabia. Temblando de saberme descubierto y hablando sin decir nada.

Para luego sentirte, sabor otoño.

Para hoy estar contigo.

“(...) y encontrarte en un lugar. Y festejar juntos la suerte. Poder quedarme hasta el final”. Saiko – Pausa.



PS: Feliz otoño a todos.

Merci et à bientôt