miércoles, junio 21, 2006

Lo inesperado secretamente esperado.

Mood: la marcha blanca. Playing: Une fraction de seconde - Holden

"If you really want to hear about it..." (Holden Caulfield en The Catcher in the Rye de JD Salinger. Primera linea.)

Está bien. Si realmente quiere oir de todo eso y del resto de las simpatías de los siempre inubicables vendedores de esperanzas que he cruzado en mi ínfimo paréntesis, ahí va.

No hace poco (porque no recuerdo haber envejecido tanto) fue momento de mi residencia en Saturno. Bien saben quienes creen conocerme y los otros que no dicen nada para evitar que quede como un soberano ridículo, que dichas estadías son una delicia para el poco prudente y mal informado. En especial cuando el diablo no ha reparado en nuestra defunción. Somos medio-invitados y medio-tarados porque queremos ver de que se trata. La siempre infausta y redentora curiosidad. No hace falta ser tan despierto y bien nutrido para despertar un día de estos en medio de toda esa (¿esta?) ciudad de dios (eliga usted cual) que se incendia y se lanza lejos sobre otras presencias. Está Saturno y todas esas putas y quienes las manejan (seres repugnantes y de mal corazón! Aunque de heroes y villanos, ¿que puede decir alguien como yo?) que salen a contarte que la vida no es tan difícil como la pintan. Está el planeta y la plaza; desde tiempos inmemoriables (sospecho que hacía no mas de 15 minutos) pasaba y pasaba a su alrededor una motocicleta de finos artefactos, en llamas, haciendo un ruido de mil demonios y dejando suaves aromas semiperfectos. Todo ese alboroto asustaba pero tambien hacía reir a los pocos niños que se dibujaban rostros de ancianos entre ancianos. En fin, estaba yo en algun día de esos 21 abriles dibujando (como solo yo y un par de personas mas lo pueden hacer: muy mal) y tarareando esa melodía indescifrable que deja el insomnio, cuando por fin vi llegar esa tierna y miserable sensación. Luego, conmoción. “Sentir está sobrevalorado” recordé dogmático, mientras intentaba quitar mi atención de aquel espectáculo siniestro y febril. “Te empiezas a morir cuando dejas de ver” alcanzó a decir, suave al oido, una de las vendedoras de certezas y churros. “Son tan bellas todas esas paradojas, allá lejos” gritó un infante que se perdía en su mirada. La fracción de segundo; luego, el abandono total.

Le confiaré, no sin algo de pudor, que tiendo a disfrutar de los eventos cobardes y absurdos que me regalan, a veces, mi dialogos. No soy un tipo valiente, verá usted, aun cuando me reconozco poco discreto, un tanto sordo y corto de vista. Así fue como ensayé una ridícula frase sin llegar acaso a decirla: dejaré todo listo para volver. Ya verán, aquí todos me esperan”.

Volviendo a la historia, pues, llegó aquel momento de indiscreción. Hubo ruido, de ese con sabor a sentimiento prestado que no deja ver nada mas que mis pies, proveniente de la lógica y habitual colisión de los estados. Le encontré, sin espíritu excesivamente crítico pero renunciando a ser un burocrata conformista, uno que otro parlamento revisitado y entumecido. Me refiero a esas citas que no dicen nada y que todos citan. Se trataba de una imagen conocida. Otra confesión: ni tan conocida. En ese baile que se dan, a trompadas entre carvenáculas, las particulas esenciales de mis mínimas manos, pense en tomar algo de todo aquello y traerlo para el regreso. Tengo la vocación del ladrón y un corazón con alta estima por el regreso. Pero, ya habra visto usted: soy algo tímido aun cuando hable en voz alta y frunza el ceño a menudo. Es una mala costumbre como una que otra angustia de pobre terminacion.

Quise, entonces, tironear y hurtar algo de esa sofocante e influyente (algo elastica a ratos) rabia que se rajaba, como larga alfombra, de un extremo a otro. Era una bella imagen, pero no era tanto la imagen como la presión. Se sentía. Todo era presión de cuerpos lentos, que sobran y se expanden porque para eso estan hechos, dicen. Tengo la esperanza viva y la tenía en ese momento. Así, comprenderá amigo mío, fuí yo el primer sorprendido. Porque de caminatas y caminatas bien se han hecho sanas vergüenzas y crueles destinos. No recuerdo haber dicho gran palabra, porque claro está: estaba de más y de más estaba yo en un lugar en donde no me correspondía estar. Siendo esa realidad la unica que tenía, (a falta de irrealidades y mentiras blancas en sentido opuesto) la alternancia, asi como el sueño y la noche y el amor y lo otro, me permitía poner atajo y punto final a los capitulos del desgano prematuro. Era la gran fiesta de las luces, esas lejanas y frescas; allá en Saturno. Una fiesta que no termina nunca y que, aún en ese momento final y principiante de todas mis memorias, parecía extenderse por muchas manos más.

Sabía, pero sabía poco. Sé pocas cosas y las que creo conocer las giro y giro para suenen distinto. Y a ratos, como hoy que tengo algo de tiempo para contar algo que no tiene sentido alguno, creo que no se nada. Creo (quiero) creer en la insólita e insolente certeza de 22 ires y venires tomados de mis manos y entregados a caderas extrañas. "Todo esto no son sino palabras tontas y repetidas", seguro me va a decir.

El episodio se acababa. O empezaba.

Saturno es bello, aunque no recuerdo absolutamente nada de él. Me encontré con los de nunca y, tal como siempre, no me dijeron nada nuevo. Tener hoy mi realidad tibia de pequeñas y fragiles esperanzas es la mejor de las pérdidas que puedo tener. Porque perdí algo, por allá cerca, que creo no volver a necesitar, al menos por un tiempo. Ese conocimiento de estados alternos y personajes insidiosos. Ese interminable procedimiento culposo de "te quieros" abreviados y malhumorados (des)encuentros. Voy a gritar que Saturno no es como lo creen, solo para despeinar y malhumorar a las plazas/masas. Tal vez porque yo no estuve realmente ahí. O porque todo aquello no fué mas que la manifestación bruta y carmesí de mi dislexia, de mis miopes decisiones.

Finalmente, antes de que fuese concluso el episodio, cuando aún era tiempo de ver y antes que todo terminara y (re)comenzara, estiré todo por cuanto llevo en lugar de manos y unos cuantos dedos prestados. Algo alcancé. Algo me visitó. Digamos un trapo. Un material ígneo e incoloro. Desgarré un trozo. Nada mas que un segmento (que, honestamente, alcanza apenas para hacerse de unas calcetas y tal vez un solo guante. Eliga usted la mano). Garabateé rápida y esperpénticamente unas cuantas frases y fresas redondas de emoción polaroid y las envolví en un papel. Luego, le envié esta carta, adjuntando esa pequeña parte de mis trastornos, para que usted decida que hacer con ellos. No sugiero comerlas: aun paridas por mi excesivo tiempo libre, tengo problemas para digerirlas y no pocas nauseas me produce siquiera pensarlo. Mas, si me lo permite, le sugeriria entérrarlas lejos. No me diga donde; solo dígame cuando. Por si luego tengo que buscar, encore une fois.

Tal vez no sea necesario.

Desde Saturno, se sentía un calor de esos. Y habían unas nubes de esas. La gente usaba medias pálidas del norte. Volaban los dibujos inquietos, tal como aquí. Tambíen había de aquellas pequeñas y misteriosas cajitas de fe que aquí la gente utiliza, equivocadamente claro está, para cruzar las calles. Si, todo era muy similar. Todo siempre ajeno.


Y había uno dando vueltas.

Paseando por Saturno. Despidiéndose. Abrazado a lo inesperado secretamente esperado.

"un jour le bonheur vous sourit
vous êtes comme moi le premier surpris
une fraction de seconde
on voit le bout de l'infini "

- Une fraction de seconde / Holden


PS: Larga pausa. Hoy, en exámenes. Salvo por aquello, son buenos momentos. Muy buenos.

PS2: Feliz invierno a todos.